Por el Emprendedor 

🚀 El Inicio: De Vendedor a Conquistador de Calles

Mi viaje comenzó en la vibrante Maturín, trabajando para una empresa de ventas llamada Ideal, especializada en productos de higiene, limpieza y cuidado de la piel. Rápidamente entendí que el verdadero potencial estaba afuera. Armado con mi stock y una fe inquebrantable en mis productos, dejé la oficina para convertirme en mi propio jefe, vendiendo directamente en las calles.

El éxito fue inmediato y embriagador. Maturín se convirtió en mi campo de juego. Los productos rotaban, las ganancias crecían, y por un tiempo, sentí que había descifrado el código del emprendimiento.

📉 El Giro: La Saturación y el Destino en Caripito

Pero el mercado, como la vida, es dinámico. Al poco tiempo, la fórmula que funcionó para mí fue replicada por otros. La cantidad de emprendedores en Maturín saturó la demanda. La solución fue simple: buscar un nuevo horizonte. Mi destino fue Caripito, donde el mercado aún estaba virgen y la competencia era baja.

En Caripito, mi negocio floreció. Mi habilidad no solo fue vender, sino también liderar. Recluté un equipo de vendedoras que resultaron ser excepcionales. Sus ventas me generaron comisiones por dirección, y por primera vez, me sentí más un empresario que un simple vendedor. El negocio crecía a un ritmo prometedor.

💥 El Error Fatal: La Ambición y la Mala Selección

Aquí es donde mi propia ambición jugó en mi contra. Cegado por el deseo de escalar más rápido y maximizar las comisiones, decidí duplicar mi fuerza de ventas de dos a seis personas. No me tomé el tiempo de seleccionar, verificar o formar adecuadamente a los nuevos reclutas.

Ingresaron seis vendedores. Cuatro de ellos resultaron ser individuos inescrupulosos. Utilizaron mi stock, inventaron ventas, me robaron y, al final, me dejaron con manos vacías. Mi falta de rigor y mi anhelo por el crecimiento rápido fueron mi gran error de juicio.

"Mi ambición y deseo de ganar más, junto con mi incapacidad para seleccionar a las personas adecuadas, fue mi error. Me costó mucho más que dinero."

💰 La Carga de la Deuda: Fiador y Fe Destrozada

El golpe de los malos vendedores fue solo el inicio de la espiral descendente. Mis errores se apilaron:

  1. Ser Fiador: Para ayudar en otros emprendimientos, acepté ser fiador de compromisos financieros. Cuando esos proyectos fallaron, la carga recayó sobre mí.

  2. Los Productos Perdidos: Tuve que asumir la pérdida de los productos que no me devolvieron los vendedores estafadores.

  3. La Palabra Rota: Un señor de un local, a quien confié mi mercancía para vender, hoy me dice que está en la quiebra y no puede saldar su deuda conmigo.

Cuando hice el balance, la estafa, las pérdidas de stock y las responsabilidades como fiador se habían transformado en una deuda personal de más de $1,200.

📉 La Quiebra Total y la Lección Más Dura

La presión fue inmensa. Lo que fue un quiebre económico se transformó en un quiebre emocional devastador. Tuve que recurrir a medidas desesperadas: mis preciados premios y reconocimientos que había ganado durante mi trayectoria, los tuve que empeñar para poder cubrir las deudas más urgentes y mitigar el daño.

Mi negocio, mi ilusión y mi capital se esfumaron.

Hoy, aunque el dolor de la pérdida y la deuda persiste, la experiencia ha dejado una verdad grabada a fuego: El éxito no solo se trata de vender, sino de confiar con cautela, de seleccionar con rigor y de entender que, en el emprendimiento, el carácter vale mucho más que la velocidad.